Derecho a seguir viviendo en el centro urbano

by gentrisania

Históricamente los centros urbanos fueron zonas populares, espacios predominantes de simultaneidad y encuentros. En éstos se desarrollaba una vida social colectiva y cercana, otro tipo de vida urbana que ahora desaparece cada vez más. Por esta misma realidad que los conformaba los centros urbanos fueron numerosas veces viveros de contestación y agitación sociales, de modos de vida populares y diversos impulsados por sus habitantes pertenecientes a las clases bajas, migrantes… Se vivía en los centros urbanos cierta subversión al control del tiempo y del espacio impuesto desde arriba. Pero desde varias décadas ya, estamos viviendo – y algunos consagrando – la destrucción de esa centralidad. Esa destrucción, y posterior redefinición, viene de arriba, de las élites políticas y económicas que en ello persiguen sus intereses y beneficios propios. Y este proceso se traduce en un control y una “aseptización” de los centros urbanos convirtiéndolos en centros de decisión y zonas de consumo (material o turístico). Las patas de esta transformación son los desplazamientos de los habitantes del centro hacia las periferias, las expulsiones y la gentrificación para finalmente conseguir un cambio en el tipo de población residente en esos centros urbanos. Este es el proceso que vive Malasaña desde hace ya varios años: la predominancia del valor de intercambio de nuestras ciudades frente a su desgraciadamente olvidado valor de uso. Los centros dejan de pensarse para habitar, para vivir y se transforman en vitrinas del poder político y económico. No se puede obviar aquí una lucha ideológica, una lucha de clase encubierta.

Manuela Corredera_33Y esta situación afecta sin lugar a duda a nuestro derecho a vivir, al derecho de vivir (en) el centro. Cada vez vemos menos viviendas en nuestro barrio céntrico y las que quedan se ven condicionadas por la expansión de los lofts, de las viviendas pequeñas pensadas para otro tipo de habitantes (solteros, parejas, locales de artistas, despachos de diseñadores…). A esta imposibilidad de vivir en el centro se suma la imposibilidad de vivir el centro con la destrucción y privatización paulatinas de los espacios de simultaneidad y encuentro. La recuperación del bloque de la Manuela en el corazón de Malasaña por parte de la Obra Social se inscribe en este proceso. Este edificio, compuesto por varios lofts, estuvo vacío durante unos 4 años, retenido por un banco para poder especular con esas propiedades. Recuperarlo, liberarlo, fue una reivindicación del derecho a vivir en nuestros centros urbanos, y desde la Asamblea de Vivienda Centro no se quiere abandonar los centros urbanos a la especulación financiera y a su brazo armado que es la gentrificación. Recuperaremos el centro frente a los que intentan aseptizarlo, no dejaremos que las personas que se ven expulsadas del cent ro por culpa de los actores gentrificadores tengan que abandonar sus redes y raíces.

Pero la liberación de este bloque es también una llamada al derecho a la ciudad, a reivindicarlo y a practicarlo. Este derecho consiste en abrir una nueva reflexión sobre la vida urbana, pensar y vivir nuevas praxis de la ciudad desde lo común y hacia lo común, devolverle a nuestros centros y ciudades la predominancia de su valor de uso frente al valor de intercambio hoy en día enarbolado por las élites, reconstruir una centralidad popular, participativa y subversiva. Y esto solo lo podremos conseguir desde abajo, desde las que estamos marcados por la cotidianidad de la vida urbana, las que seguimos habitando los centros y las ciudades. Porque nosotras somos los verdaderos actores centrales de nuestras ciudades dado que, como bien lo señala Henri Lefèbvre, “la nueva aristocracia burguesa ya no habita, están en todas partes y en ninguna.” El futuro de nuestros centros urbanos, de nuestras ciudades, de nuestros espacios, están en nuestras manos y en nuestras mentes: activémoslos, luchemos y diseñemos una vida urbana participativa basada en la defensa de los derechos y bienes comunes.

Valentin Clavé-Mercier

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